martes, 4 de mayo de 2010

No es bueno hacerle daño a las personas que mas quieres, por culpa de tus pesares, no es necesario que palpen tus males y turbes sus corazones, sus buenas intenciones no te sirven para componer tu existencia, por lo que es mejor que no adviertan que lo estas pasando mal y asi ellos tienen esa tranquilidad que deseas. No es ser egoista, ni orgulloso, no es querer engañarlos ni jugar con ellos, es querer que no lo pasen mal por ti, a veces es mejor asi, a veces es mejor fingir que estas bien, entregarles una sonrisa y demostrar que ya todo paso, para amenizar su preocupacion.

La dolorosa partida de un ser querido siempre es angustiosa, sin embargo, y bajo distintas circunstancias, nos consolamos con que “fue para mejor” o “está descansando en un lugar pleno y hermoso”. Todo eso funciona para calmar el alma y continuar viviendo con los gratos recuerdos que nos quedaron.
Pero como funciona cuando quien te deja aun sigue viviendo, que simplemente se olvida de ti y te ignora como a un objeto inútil, y que quién a su juicio ha muerto en vida es uno mismo. Con que raciocinio analizar que después de haber formado parte de lo más importante en su vida, simplemente ya no existes.
¿Cuando se traspasa el límite entre el amor y el respeto al resentimiento y la indiferencia? ¿Cuando el corazón del hombre se corrompe a tal punto que no comprende entre el bien y el mal? ¿Por qué la especulación logra ensombrecer las huellas que se han dejado por tantos años?
No es fácil hablar en tercera persona cuando lo que escribo está tallado en mi corazón, trato de ser fuerte pero desde mi interior siento como cae cada pared construida, cual terremoto azota la tierra.
No es fácil hacer como que nada importa y que ya está, que así es la vida, y seguir adelante. Por cada paso que doy, siento que retrocedo dos, mi ánimo pasa en el suelo y cuando estoy sola sólo lágrimas de amargura me resurgen.
Cualquiera diría no es para tanto, yo pienso lo mismo, pero el acopio de sucesos ariscos en mi vida, que no ha sido trágica, pero desde un tiempo hasta ahora, un poco ingrata diría yo, ha logrado ensombrecer mi alma. Siempre he tratado de mirar al frente sin importarme lo que pase por mi lado y esquivando lo que pasa sobre mí, por mucho tiempo ignore lo que no me hacía bien, numerosas veces callé por no herir a nadie, caminando día a día creí ir dejando en el pasado las heridas, pensando que las cicatrices no hacen daño, todo viene por añadidura, y esta vez no es la excepción, ningún dificultad llega sola, y el estar tanto tiempo ocultando mis golpes creo me ha pasado la cuenta. Me considero una mujer fuerte, (ya no me lo creo), soy capaz de hacer todo lo que me proponga y tener lo que quiero, (no sé si aun es cierto).
Solo sé que el vaso se ha derramado, pero también se quebró y los vidrios expulsados me han lastimado a tal punto que cada vez que los veo desfallece nuevamente mi alma y sin importar la altura en la que me encuentre vuelvo a caer.
Sólo al garabatear estas palabras siento algún desahogo, aunque tengo personas que están a mi lado en forma incondicional no me bastan para calmar mi angustia, todos tienen sus propias congojas y no han logrado vaciar todo esto que siento y que se me está lastimando, siempre busco el momento para estar sola, olvidarme de todo , de no tener que fingir mas alegrías ni mostrar más un perfil de tranquilidad, la apatía y el mar humor han sido mis armas más recurridas para alejar a las personas de mi.
Todo lo que creía incorruptible se vendió fácilmente, todo lo que creía verdadero resulto falso. Ya deje todos mis sueños atrás y eso me asusta, ya no quiero idealizar, pues siento que cuando este a portas de alcanzar algo, esto se esfumará como todo en mi vida hasta ahora, bueno casi todo.
Te doy gracias Dios por tener algo fiel en mi vida que sé que nunca me fallará y es mi cable a tierra, lo que me mantiene con ganas de vivir, mi hijo precioso, que en su fantasía de mundo perfecto me involucra y me logra hacer feliz, es por ello que cuando estoy lejos de él, me falta la mitad del corazón y nada me es igual.
Un hombre maravilloso has puesto en mi vida Señor, se que su amor es real y el mío hacia el también, pero temo que en este momento hay un caos en mi interior y no estoy aportando a esta relación y desconozco hasta cuándo podré fingir que todo está bien en mi, cuando por ahora todo me afecta y a la vez nada me importa, más que una compañía soy un problema.

Me guardo todo esto para mí porque sé que nadie es capaz de comprenderme, si lloro, solo me verán y me dirán que todo lo malo pasa, que hay que seguir adelante y ser feliz, que después de la tormenta siempre viene la calma, o inventando panoramas para cambiarme el ánimo, pensando ingenuamente que lo superficial puede aliviar lo espiritual.
Vivo angustiada temiendo que algo malo pasará, temo el no estar en el lugar adecuado cuando alguien me necesite, siento terror de que esta amargura carcoma mi ser y no me deje ser feliz, estas malditas trancas que aparecen cada vez que hay algún problema.